Causa y efecto de la
bancarrota hídrica
y la bancarrota del
subsector agua y saneamiento
Causes and effects of water bankruptcy and the bankruptcy of the water and sanitation subsector
econorojas@hotmail.com
Hugo Roberto Rojas Silva
Secretario de la AMINCA
Semblanza del autor
Licenciado en Economía, maestro en Negocios y Economía, y candidato a doctor en Economía en el Área de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable (UNAM). Cuenta con un diplomado en Dirección de Organismos Operadores de Agua por la UNAM.
Actualmente es Secretario de la Asociación Mexicana de Ingeniería y Ciencias del Agua (AMINCA), consultor en economía y gestión del agua del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), miembro del grupo de expertos del Consejo Consultivo del Agua (CCA) y articulista del periódico La Jornada Estado de México.
Introducción
En 2026, las Naciones Unidas anunciaron que el planeta ha entrado en una nueva etapa de crisis hídrica denominada bancarrota hídrica (Mandani, 2026). Este concepto, aunque imperfecto en términos semánticos, describe de manera más precisa lo que antes se entendía como estrés hídrico o crisis del agua.
Implica una situación en la que la humanidad ha sobrepasado los límites sostenibles de disponibilidad de agua, de forma similar a un sistema económico que consume más recursos de los que puede sostener.
Este fenómeno se contextualiza dentro del Antropoceno (Saito, 2022), etapa geológica caracterizada por el impacto significativo de las actividades humanas sobre el equilibrio ecológico. Desde la Revolución Industrial se ha intensificado la degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y la escasez de agua en múltiples regiones del planeta.
“Actualmente vivimos por encima de los medios hídricos del planeta, utilizando reservas estratégicas que tardan cientos o miles de años en recuperarse.”
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) hace un llamado a los líderes mundiales para adoptar una adaptación honesta y basada en la ciencia, reconociendo que el modelo actual depende de reservas no renovables, como el agua fósil contenida en acuíferos cuya recarga puede requerir siglos.
Además de la sobreexplotación, existen impactos irreversibles como la compactación del suelo, el hundimiento de terrenos y la desaparición de lagos, ríos y humedales. Aunque la bancarrota hídrica no afecta a todas las regiones por igual, sus consecuencias son globales debido a la interdependencia del comercio, la migración y la geopolítica.
Hugo Roberto Rojas Silva
Secretario de la AMINCA
Semblanza del autor
Licenciado en Economía, maestro en Negocios y Economía, y candidato a doctor en Economía en el Área de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable (UNAM). Cuenta con un diplomado en Dirección de Organismos Operadores de Agua por la UNAM.
Actualmente es Secretario de la Asociación Mexicana de Ingeniería y Ciencias del Agua (AMINCA), consultor en economía y gestión del agua del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), miembro del grupo de expertos del Consejo Consultivo del Agua (CCA) y articulista del periódico La Jornada Estado de México.
Introducción
En 2026, las Naciones Unidas anunciaron que el planeta ha entrado en una nueva etapa de crisis hídrica denominada bancarrota hídrica (Mandani, 2026). Este concepto, aunque imperfecto en términos semánticos, describe de manera más precisa lo que antes se entendía como estrés hídrico o crisis del agua.
Implica una situación en la que la humanidad ha sobrepasado los límites sostenibles de disponibilidad de agua, de forma similar a un sistema económico que consume más recursos de los que puede sostener.
Este fenómeno se contextualiza dentro del Antropoceno (Saito, 2022), etapa geológica caracterizada por el impacto significativo de las actividades humanas sobre el equilibrio ecológico. Desde la Revolución Industrial se ha intensificado la degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y la escasez de agua en múltiples regiones del planeta.
“Actualmente vivimos por encima de los medios hídricos del planeta, utilizando reservas estratégicas que tardan cientos o miles de años en recuperarse.”
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) hace un llamado a los líderes mundiales para adoptar una adaptación honesta y basada en la ciencia, reconociendo que el modelo actual depende de reservas no renovables, como el agua fósil contenida en acuíferos cuya recarga puede requerir siglos.
Además de la sobreexplotación, existen impactos irreversibles como la compactación del suelo, el hundimiento de terrenos y la desaparición de lagos, ríos y humedales. Aunque la bancarrota hídrica no afecta a todas las regiones por igual, sus consecuencias son globales debido a la interdependencia del comercio, la migración y la geopolítica.

