México ante la quiebra hídrica: los acuíferos en crisis y el cambio climático como detonador
Mexico facing hydrological bankruptcy: Aquifers in crisis and climate change as a trigger
Por Felipe I. Arreguín Cortés1, Fernando J. González Villarreal2
1Instituto de Ingeniería, Universidad Nacional Autónoma de México
2Instituto de Ingeniería, Universidad Nacional Autónoma de México
Semblanza del autor
Felipe I. Arreguín Cortés
1Ingeniero Civil por la UNAM, donde obtuvo también su maestría y doctorado en Hidráulica. Ha combinado docencia, investigación y servicio público en su carrera. Fue Subdirector General Técnico de CONAGUA, dirigió el IMTA y presidió el Colegio de Ingenieros Civiles de México.
Fernando J. González Villarreal
2Ingeniero civil por la UNAM, con maestría y doctorado en Ingeniería por la Universidad de California en Berkeley. Fue el primer director general de la Conagua y presidente fundador del IMTA. Actualmente es coordinador técnico de la Red del Agua UNAM.
Resumen
El Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud señaló este año que el planeta ya no enfrenta una simple crisis del agua, sino un punto de no retorno denominado “quiebra hídrica global” (Madani et al., 2026). Cada eslabón del ciclo hidrológico está amenazado por la sobreexplotación y la contaminación de los cuerpos de agua, fenómenos que son acelerados por el cambio climático y el crecimiento poblacional, y México figura entre los países más afectados (Arreguín-Cortés et al., 2015; Arreguín-Cortés & López-Pérez, 2013).
Aunque algunos glaciares, humedales, bosques, cuencas que han perdido su suelo y algunas infraestructuras, como presas azolvadas o sistemas de drenaje insuficientes, están al borde de la quiebra hídrica, el presente artículo trata sobre la amenaza de esta condición sobre los acuíferos.
La quiebra hídrica global: el diagnóstico de la ONU
El informe publicado en enero de 2026 define a la quiebra hídrica como “la condición persistente y estructural, posterior a la crisis, en la que el consumo y la extracción humana de agua superan de manera sostenida los flujos de agua dulce renovables y los límites seguros de las reservas estratégicas”.
Señala que el planeta no enfrenta solo una crisis hídrica, sino que ha alcanzado un punto de no retorno en la disponibilidad y calidad del recurso. La analogía bancaria utilizada es precisa, muchas regiones han vivido por encima de sus posibilidades hidrológicas, de manera que el saldo es negativo.
Establece que el 75% de la población mundial reside en países afectados por la escasez o la inseguridad hídrica, y que dos mil millones de personas habitan territorios con sobreexplotación de aguas subterráneas.
México no escapa a este diagnóstico. Con características hidrológicas heterogéneas entre el norte con grandes desiertos y el sureste con cuencas tropicales, existen regiones con inseguridad hídrica y acuíferos sobreexplotados.
El ciclo hidrológico en México: estructura y vulnerabilidades
El ciclo hidrológico comprende los procesos de precipitación, escurrimiento superficial, infiltración, recarga de acuíferos, evapotranspiración y retorno a la atmósfera. En México, cada uno de estos componentes presenta vulnerabilidades particulares (Ortiz-Haro et al., 2023).
Precipitación: distribución espacial y temporal asimétricas
La precipitación media anual en México es de 760 mm, pero su distribución en el tiempo y espacio es heterogénea. El 72% de las lluvias se concentra en los meses de mayo a septiembre, y la variabilidad espacial es marcada: mientras en Mexicali, Baja California, llueve un promedio anual de 5 cm, en Tabasco se alcanzan hasta 4 metros de precipitación media anual.
El cambio climático está modificando estos patrones: la precipitación anual podría disminuir más de un 15% en promedio nacional, con reducciones aún más drásticas en las regiones áridas del norte, donde se estiman disminuciones de entre el 17 y el 22% (Martínez-Austria & Patiño-Gómez, 2012). Por otro lado, en algunas zonas como la Ciudad de México, la intensidad de las lluvias se ha incrementado, generando inundaciones importantes.
Escurrimiento superficial: ríos y cuerpos de agua disminuyen su caudal
El escurrimiento virgen medio anual en México es de 329 km³. Sin embargo, décadas de sobreextracción y alteración del territorio han afectado este componente. Ríos históricamente caudalosos han reducido su gasto por el efecto combinado de sequías, desvíos y extracciones excesivas.
Lagos y lagunas han desaparecido o están en proceso de extinción. El Lago de Texcoco fue desecado a lo largo de los años, y en el país otros cuerpos de agua sufren consecuencias similares. Ríos como el Conchos, podrían ver reducidos sus escurrimientos en un 23% en promedio como consecuencia directa del cambio climático.
La deforestación agrava este problema, pues al reducirse los bosques que regulan la evapotranspiración y sostienen el caudal base de los ríos, provocan que el agua superficial fluya más rápido sin infiltrarse, generando avenidas destructivas y ríos secos en época de estiaje.
La evapotranspiración
La evapotranspiración, ET, es la suma de dos procesos: la evaporación directa del agua en suelos, ríos y lagos hacia la atmósfera, y la transpiración de las plantas, que absorben agua del subsuelo y la liberan en forma de vapor a través de sus hojas. A escala global, la ET devuelve al ciclo atmosférico entre el 60 y el 70% de toda la lluvia que cae sobre los continentes. En México, con 760 mm de precipitación media anual, ese porcentaje puede superar el 75% en regiones áridas y semiáridas. Lo que no se evapora ni transpira es lo que queda disponible, y es el agua que escurre hacia los ríos o se infiltra para recargar los acuíferos.
La deforestación y la urbanización son los factores que más afectan a la evapotranspiración, con la reducción de la vegetación y el empleo de concreto, asfalto y acero en las áreas habitadas.
El cambio climático está reduciendo la entrada de humedad a los bosques; actualmente se registra menor precipitación, menos días con niebla y un incremento en la duración e intensidad de los periodos de sequía, lo que afecta directamente el equilibrio del bosque mesófilo de montaña.
Proyectado hacia el futuro, el escenario es desfavorable en casi toda la República: al incrementarse la temperatura, hay más evapotranspiración, lo cual aumenta el estrés hídrico de suelos y vegetación, y hay menos recarga a los acuíferos
Infiltración y recarga de acuíferos
En México, el agua subterránea abastece aproximadamente el 40% del total utilizado, y es la fuente del 60% del abastecimiento público urbano: Monterrey, Tijuana, Guadalajara, León y la Ciudad de México dependen de manera importante de este recurso.
México cuenta con 653 acuíferos administrativos, y en el año 2023 Conagua reportaba que 114 estaban sobreexplotados, ello representa el 17.4% del total y el 58% del volumen de agua subterránea extraído, lo que indica que los sistemas sobreexplotados son también los más estratégicos para el país.
Para el ejercicio fiscal 2026, la Conagua reporta que 292 acuíferos presentan algún nivel de déficit, además, no es claro si están considerados dentro de estas clasificaciones los acuíferos con intrusión salina. Esta tendencia revela que la sobreexplotación ha pasado de ser una señal de alerta a una condición normalizada, (DOF, 2026).
Esta situación es resultado de una conjunción de factores históricos, económicos, institucionales y ambientales como la expansión agrícola, el crecimiento urbano e industrial, una gestión institucional deficiente, pozos clandestinos y la reducción de zonas de recarga natural, entre otros (Arreguín-Cortés et al., 2016).
Los acuíferos sobreexplotados se ubican principalmente en el norte y el centro del país, regiones en condiciones áridas y semiáridas, y donde el agua subterránea es prácticamente la única fuente disponible para todos los usos. Destacan en esta situación la Comarca Lagunera, El Bajío y Guanajuato, el Valle de México y la Costa de Sonora y Baja California, en regiones costeras, la sobreexplotación ha generado intrusión salina.
La sobreexplotación de los acuíferos genera una cadena de efectos como la subsidencia y el colapso de la infraestructura urbana, la contaminación por efecto de químicos como el arsénico y el fluoruro, costos crecientes de extracción, conflictos por el agua entre diferentes tipos de usuarios, y la pérdida de biodiversidad. Es importante señalar la desaparición de manantiales, humedales y cuerpos de agua que se han secado pues eran alimentados por los acuíferos, y será muy difícil o imposible recuperarlos.
¿Están los acuíferos de México en quiebra hídrica?
Retomando la definición de quiebra hídrica como “la condición persistente y estructural, posterior a la crisis, en la que el consumo y la extracción humana de agua superan de manera sostenida los flujos de agua dulce renovables y los límites seguros de las reservas estratégicas”, vale la pena primero definir qué es un acuífero crítico.
De acuerdo con la Guía Metodológica para la Elaboración de Planes de Gestión de Acuíferos (González-Villarreal & Mendoza-Mata, 2018): “Cuando las condiciones de aprovechamiento o explotación de un acuífero planteen costos ambientales, sociales y económicos que superen un umbral, será declarado como crítico y su reglamentación planteará condiciones especiales para todos los usuarios y las medidas que incentiven su recuperación” (González Villarreal, 2018).
En México, acuíferos como los del Valle de México, el de la Comarca Lagunera y los del Bajío, reúnen las condiciones descritas para ser considerados acuíferos críticos, dado que sus costos de explotación en términos de hundimiento, contaminación, conflictos sociales y pérdida de servicios ecosistémicos superan ampliamente cualquier umbral razonable de sostenibilidad (UNAM, 2023; González-Villarreal, 2018).
El cambio climático como detonante de la crisis hídrica
Bajo los escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero RCP 4.5 y RCP 8.5 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) se estiman para México impactos negativos en todos los sistemas hídricos: disminución de la precipitación, reducción de los volúmenes medios de escurrimiento, menor infiltración y recarga de acuíferos, y mayor evapotranspiración (IPCC, 2025). Estos efectos según los escenarios planteados serán heterogéneos e impredecibles en su distribución regional, pero consistentemente negativos en términos de disponibilidad neta de agua (Martínez-Austria & Patiño-Gómez, 2012).
Además, el cambio climático intensifica los fenómenos extremos: sequías más largas y severas, huracanes más intensos, olas de calor, inundaciones y deslaves. Esta alternancia entre eventos extremos de escasez e inundación es la firma hidrológica del cambio climático: no solo hay menos agua disponible, sino que ocurre de manera más irregular, intensa e impredecible.
El cambio climático agrava la crisis de los acuíferos, la reducción proyectada de la precipitación disminuye directamente el volumen de agua que se infiltra y los recarga. Al mismo tiempo, el aumento de temperatura incrementa la evapotranspiración, reduciendo la infiltración efectiva incluso cuando llueve, porque una proporción mayor del agua es evaporada antes de alcanzar las capas saturadas.
Por otro lado, las sequías más largas y frecuentes obligan a los usuarios, en particular a los agricultores, a bombear durante más tiempo y a mayor profundidad, acelerando el agotamiento de los acuíferos. Así, el cambio climático no solo reduce la recarga de los acuíferos, sino que además incrementa la presión de extracción sobre ellos (IMCO, 2023).
Propuestas para evitar la quiebra hídrica de los acuíferos
Revertir la sobreexplotación de los acuíferos mexicanos, sobre todo de aquellos que están en crisis, requiere una estrategia integral que combine elementos técnicos, institucionales, económicos y sociales, por ejemplo:
Establecer las declaratorias de acuífero crítico dentro del Reglamento de la Ley de Aguas Nacionales Reformada, antes de hacer la revisión programada de las concesiones correspondientes.
Una vez declarado crítico un acuífero, deberían implementarse de manera obligatoria las siguientes medidas:
- Cancelar el subsidio a la energía eléctrica en tarifa 9 para los usuarios del acuífero, eliminando el incentivo económico que promueve la sobreextracción.
- Reasignar el equivalente de dicho subsidio al financiamiento de estudios hidrogeológicos y programas de monitoreo del acuífero.
- Establecer la obligación especial de medir y controlar todas las extracciones, incluyendo los pozos agrícolas, con registros públicos y verificación periódica.
- Equiparar el derecho de extracción en el sector agrícola al nivel equivalente al que se aplica a la industria, eliminando el trato preferencial que hoy concentra el 76% del volumen concesionado en usos agropecuarios.
- Reglamentar obligatoriamente el acuífero, estableciendo límites individuales de extracción por usuario y mecanismos de sanción efectivos ante incumplimiento.
- Elaborar e implementar un Plan obligatorio de equilibrio entre extracciones y recargas, con un horizonte máximo de 20 años, metas anuales verificables y un mecanismo de revisión quinquenal (González-Villarreal, 2018; Arreguín-Cortés et al., 2016).
Descentralizar y desconcentrar la gestión hídrica mediante el fortalecimiento de los organismos de cuenca con capacidades técnicas y financieras sólidas, con sistemas efectivos de transparencia y rendición de cuentas.
Establecer programas de recarga artificial de acuíferos particularmente en aquellos con mayor déficit.
Reducir la demanda agrícola mediante la modernización de los sistemas de riego (tecnificación hacia goteo y aspersión de precisión), reorientar los cultivos en zonas áridas hacia especies de menor demanda de agua, y revisar los patrones de producción de cultivos de exportación de alto consumo de agua en regiones con acuíferos en estado crítico.
Proteger las zonas de recarga de los principales acuíferos como áreas de preservación ecológica, impidiendo la urbanización no planificada, la deforestación y el uso de agroquímicos en estas áreas.
Implementar programas de reúso de aguas residuales para usos agrícolas e industriales.
Fortalecer la red piezométrica y las estaciones de monitoreo de la calidad del agua subterránea, complementada con tecnologías satelitales, para contar con información en tiempo real que oriente la gestión dinámica de las concesiones. La información debe ser pública, accesible y actualizada.
Garantizar la inversión pública suficiente para cerrar la brecha entre la magnitud del problema y los recursos destinados a resolverlo.
Construir, rehabilitar y mantener la infraestructura de almacenamiento mediante la rehabilitación de presas existentes (González-Villarreal & Arreguín-Cortés, 2021), la construcción de nuevas obras de captación y el desarrollo de infraestructura verde, plantas de tratamiento y reúso de agua residual, y sistemas de captación de agua de lluvia a escala doméstica, comunitaria y municipal.
Reforestar las cuencas hidrológicas prioritarias para restaurar la función de retención e infiltración de agua, proteger y restaurar los humedales que aún sea posible, frenar la deforestación ilegal, restaurar los ríos y cuerpos de agua mediante la remoción de contaminantes, la regulación de descargas industriales y el establecimiento de caudales ecológicos mínimos.
Establecer campañas de concientización sobre el valor del agua y la urgencia de la crisis hídrica, que transformen los hábitos de consumo en todos los sectores, incorporar la educación hídrica como eje transversal en todos los niveles del sistema educativo nacional, promover la participación ciudadana en los organismos de cuenca y en las decisiones sobre gestión del agua, garantizando la representación de comunidades indígenas y rurales; y fomentar la innovación tecnológica en tratamiento, reúso y eficiencia hídrica, vinculando al sector académico, empresarial y gubernamental (UNAM, 2023).
Reflexión final
La quiebra hídrica que describe la ONU es el resultado acumulado de décadas de sobreexplotación, contaminación, deforestación y una gestión del agua que ha normalizado la escasez. El cambio climático no creó este problema, pero lo está llevando al límite.
México aún está a tiempo de revertir las tendencias más críticas, proteger los sistemas hídricos que aún funcionan y construir una arquitectura institucional, técnica y cultural que permita vivir de manera sostenible con el agua que realmente tiene.
Referencias
Arreguín-Cortés, F. I., & López-Pérez, M. (2013). Impacts of climate change on the hydrological cycle in Mexico. International Journal of Water Resources Development, 29(2), 172-183. 10.1080/07900627.2012.721712
Arreguín-Cortés, F. I., López-Pérez, M., Rodríguez-López, O., & Montero-Martínez, M.J. (coords.) (2015). Atlas de vulnerabilidad hídrica en México ante el cambio climático. Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA)/Comisión Nacional del Agua (Conagua). https://www.imta.gob.mx/biblioteca/libros_html/atlas-2016/files/assets/common/downloads/publication.pdf
Arreguín-Cortés, F. I., López-Pérez, M., Ortega-Gaucin, D., & Ibáñez-Hernández, O. (2016). La política pública contra la sequía en México: avances, necesidades y perspectivas. Tecnología y Ciencias del Agua, 7(5), 63-76. https://revistatyca.org.mx/index.php/tyca/article/view/1271/pdf_1
DOF, Diario Oficial de la Federación. (2026, febrero 27). Acuerdo por el que se dan a conocer los valores de cada una de las variables que integran las fórmulas para determinar durante el ejercicio fiscal 2026 las zonas de disponibilidad, a que se refieren las fracciones I y II, del artículo 231 de la Ley Federal de Derechos, vigente a partir del 1 de enero del 2014. https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5781125&fecha=27/02/2026#gsc.tab=0
González-Villarreal, F. J. (2018). Plan de gestión integral y manejo de la recarga del acuífero del Valle de México. Terceras Jornadas Técnicas de Gestión de Acuíferos y Recarga Artificial. Instituto de Ingeniería/Red del Agua UNAM. https://www.agua.unam.mx/JornadasAcuiferos2018/
González-Villarreal, F., & Mendoza-Mata, A. (2018). Guía metodológica para la elaboración de planes de gestión de acuíferos. Instituto de Ingeniería, UNAM.
González-Villarreal, F. J., & Arreguín-Cortés, F. I. (2021). Impacto del cambio global sobre las presas de almacenamiento y derivación. Instituto de Ingeniería, UNAM. https://doi.org/10.22201/iingen.9786073047951e.2021
IMCO, Instituto Mexicano para la Competitividad. (2023). Escasez de agua y sequía en México: crisis actual. https://imco.org.mx
IPCC, Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. (2025). The Intergovernmental Panel on Climate Change. https://www.ipcc.ch
Madani, K. (2026). Global water bankruptcy: Living beyond our hydrological means in the post-crisis era. United Nations University Institute for Water, Environment and Health (UNU-INWEH). 10.53328/INR26KAM001
Martínez-Austria, P. F., & Patiño-Gómez, C. (2012). Efectos del cambio climático en la disponibilidad de agua en México. Tecnología y ciencias del agua, 3(1), 5-20. https://www.revistatyca.org.mx/index.php/tyca/article/view/1/1
Ortiz-Haro, G.A., Gress-Carrasco, F., & Mazari-Hiriart, M. (2023). Recursos hídricos y cambio climático: una visión desde México. En: Estado y perspectivas del cambio climático en México. Un punto de partida. UNAM. https://cambioclimatico.unam.mx
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